José Luis Perales De Vuelta A La Vida

José Luis Perales, ha fallecido de un infarto al corazón, anunciaban en las redes sociales y con eso:  #descansajoseluis #joseluisperales #ysemarchó, tomaron por unas horas las tendencias de internet.

Muchos comentaban: -estoy tan triste, -lamento su partida, -crecí escuchando su música; -ha sido un duro golpe; -me recuerda a papá, era su favorito. Condolencias, publicaciones, canciones y frases rebuscadas envolvían los dolores de sus escuchas, de sus fans. Momentos más tarde, la noticia, ¡estaba vivo!, la falsa difusión: una treta maliciosa según sus familiares; inexplicable, según el mismo cantautor.

Entonces, las redes otra vez: - “no estaba muerto, estaba de parranda”; -nada de que se marchó, ¡si está vivito!, -Qué bueno que no se murió. Así, la vida sigue. Se cambia la historia, la tendencia, el hashtag y sigue.

 La vida, para todos los demás hubiese seguido. Hubiésemos seguido. Si la muerte era cierta, algunas canciones, los comentarios de la semana, su música:  en el trabajo, en el gimnasio, con los amigos. Ahora, con la verdad, los comentarios solo se transforman, pero, están igual, en los mismos espacios, en el trabajo, en el gimnasio, con los amigos, los comentarios siguen, sea o no de muerte, comentamos y la vida sigue.

Pero ¿y la vida?, ¿y la muerte? La muerte, la vemos tan lejana, tan acomodada a los sucesos, que pasa cerca como sombra cotidiana, tan ajena que, a veces, solo nos provoca un suspiro. Nos enternece como un pequeño sacudón de pronto- La muerte, final único e imprescindible, consecuencia de la vida.  Sabios somos cuando nos es distante, -la asumo con calma, decimos, y nos reconciliamos a través de palabras con ella, decimos esperarla, como quien espera un viejo amigo.

Se complica entonces esa naturalidad, cuando está rondando cerca, cuando se aproxima a quien conocemos, o a nosotros mismo. Ernest Becker dice: “si estuviéramos conscientes de la muerte viviríamos aterrorizados”, ¿será esto posible? Tener plena conciencia del fin del mundo como lo conoces, con el olor a café o chocolate, con la luz de medio día golpeando tu cara con su fulgor constante, con la voz tibia de mamá o la abuela, con ese sorbo que te salva de la sed, cada pequeño momento, cada palabra, cada risa, cada aliento, pueden ser los últimos y ya no habrá más, nada más, al menos en el plano que habitamos ahora.

Puede que a algunos no nos horrorice el final, es cierto, pero, ¿Qué diríamos con nuestros últimos suspiros? ¿a quién se abrazarían? ¿qué comida comerían? ¿con qué sentimiento se quedarían? 

Las personas, somos seres microscópicos en un Universo gigantesco. Nuestras historias increíblemente trascendentales frente a nuestros ojos, no ocupan ni un pequeño destello en comparación a la magnificidad del universo, y, sin embargo, cada día nos levantamos con nuestra realidad enfocada en el “sí mismo” que tampoco puede ser menospreciada. 

Marco Aurelio, en sus meditaciones, menciona a la muerte diciendo; “La muerte es el descanso de la impronta sensitiva, del impulso instintivo que nos mueve como títeres, de la evolución del pensamiento, del tributo que nos impone la carne.” Pensarla de vez en cuando y saberla cierta, contradictoriamente, nos impulsa a la vida.  Más que aterrorizarnos sobre nuestra propia finitud, nos permite que nos abracemos gustosos a los momentos que nos regala la vida: esa canción, ese sorbo de vino, el apretón de manos. Hoy, disfrutémoslo hoy.

Entonces al oír las noticias de esa falsa muerte, te abrazas a la canción que te recuerda la vida. Entonces, pon esa canción, la de Perales, quien no había muerto, ponla y con ella regresa tú también un ratito a la vida. Citemos otra vez a Marco Aurelio: “Piensa en la brevedad de la vida, en el abismo del tiempo futuro y pasado, en la fragilidad de toda materia”, desde ahí, siente actúa, agradece tu vida.