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HAY LIBROS QUE NO SE LEEN, SE VIVEN

Hay libros que no se leen, se viven. Se sienten como un golpe en el pecho, como una conversación que no sabías que necesitabas. Así fue para mí la primera vez que leí Por quien doblan las campanas de Ernest Hemingway: no podía para de leer, y sentí que algo dentro de mí se había movido. Eso es todo, el libro ha cumplido su misión.

Leer no es solo un pasatiempo. Es una forma de conocer diferentes destinos, de resistir, de soñar más grande, de recibir mensajes cuando todo parece confuso. En un mundo que se ha volcado a lo digital, con notificaciones infinitas y la vida intensa, los libros son un refugio. El espacio de todas las posibilidades, en donde puedes enamorarte u odiar un personaje, viajar al pasado, ponerte en la piel del otro o incluso reconocerte y entender quién eres.

Los libros son mis grandes compañeros, mis terapeutas y hasta mis oráculos. En momentos difíciles, cuando, por ejemplo, no podía poner en palabras lo que sentía, Rosa Montero lo hizo con La ridícula idea de no volver a verte, que habla sobre el duelo por la muerte de alguien que amas. Fue como hablar con alguien que ya había estado ahí y entender que, en este camino de vivir, estamos todos, en lo bueno y en lo malo.

Con Cien años de Soledad, de Gabriel García Márquez, pude ver la búsqueda de tu lugar, que la historia puede repetirse, una y otra vez, cuando no revisamos el pasado, y que el olvido puede ser tan fuerte como el recuerdo.

En La mujer habitada, de Gioconda Belli, vi el el despertar político y personal de la autora que encontró en la lucha colectiva y en su herencia ancestral el sentido de su libertad. Y, con El último encuentro, de Sándor Marai, entendí que el tiempo, por sí solo, no borra las heridas del alma, por eso es necesario enfrentar la verdad, aunque duela, como forma de cierre de los círculos del pasado.

Si estás empezando el hermoso camino de la lectura, o quisieras leer más, te dejo algunas recomendaciones que a mí me sirven para no perder este hermoso hábito:

▪ Lleva un libro a todos lados (sí, el eBook también vale, aunque yo solo leo en papel, a la vieja usanza).
▪ Lee al despertarte y antes de dormir, unos minutos bastan.
▪ Habla de libros con otros lectores. Pide recomendaciones, discute sobre ellos.

Leer no es una obligación, como cuando estábamos en el colegio. Es un acto de libertad. Es aeptar la invitación que cada página nos hace para que cuestionemos, sintamos y desarrollemos el pensamiento crítico. No pasa nada si lees poco o mucho, lo importante es explorar y dejarte tocar por tantos autores que, con maestría, nos han dejado arte en forma de palabras. Porque en un mundo que a veces grita demasiado y nos conecta son lo superfluo, los libros susurran justo lo que necesitamos oír. Así que abre uno, y deja que te transforme.

 

Por: Valentina Zárate Montalvo