VIVIENDO EN COREA DEL SUR EN MEDIO DE UNA PANDEMIA

El 20 de enero de 2020 se confirmó el primer caso de corona virus en Corea del Sur. A partir de ahí, el país empezó a aplicar medidas para exitosamente, controlar la propagación del virus.

No obstante, Daegu una ciudad con poco más de 2.5 millones de habitantes, se convirtió en el epicentro de los contagios cuando la llamada Paciente 31, se convirtió en una “super spreader” que transmitió el virus a decenas de personas, pasando de cientos y a miles de contagios en días.

Esto fue el punto que alteró la regularidad del país. El gobierno tomó medidas más drásticas para e inmediatamente toda su capacidad científica y tecnológica se puso en marcha para agilitar la detección de casos positivos, testear a más de 200 mil personas, desinfectar ciudades y garantizar el acceso a mascarillas mediante un sistema de compra por días.

Mi vida, como estudiante internacional en Corea, cambió. Las clases pasaron a ser en línea y se nos pidió no salir del campus. Se acabaron los paseos, se cancelaron los viajes y lo más importante, perdimos la posibilidad de compartir con estudiantes de todo el mundo en un mismo salón de clases.

Ahora salimos lo estrictamente necesario y se nos toma la temperatura cada vez que entramos al edificio y si alguien marca más de lo normal, es llevado a aislamiento. Estamos obligados a usar mascarilla en cualquier espacio comunitario y las reuniones entre alumnos están restringidas a máximo 3 personas. Los botones de los ascensores tienen láminas antivirus y hay desinfecciones semanales de todo el campus.

En Corea nadie sale sin mascarilla por la responsabilidad de cuidar de nosotros mismos y de los demás. El manejo de la emergencia es digno de aplaudir por la eficacia y precisión del gobierno, pero también por la disciplina de los coreanos para seguir las reglas. 

Los que aquí vivimos estamos conscientes de la importancia de nuestras acciones para frenar la propagación del virus, sabemos que, si salimos innecesariamente corremos el riesgo de contagiarnos y contagiar a otros. Los estudiantes, somos del grupo de personas que podemos quedarnos en casa completamente. También está el grupo de personas que aún va a trabajar, pero tomando varias precauciones y en ciudades donde el riesgo de contagio es menor, como Sejong, donde vivo.

En mi ciudad, durante dos semanas hubo un solo caso importado y cero nuevos contagios. A la semana tres un grupo de zumba y una clase de violín fueron los espacios donde dos personas se contagiaron, y pasamos de 0 a 40 contagios. Esto nos recordó que el peligro no ha pasado hasta que el último caso sea detectado y el último enfermo esté curado. Pero definitivamente, puedo decir que, como país, Corea ha sabido controlar la emergencia exitosamente y en lo particular, la escuela donde estudio ha implementado todos los mecanismos y protocolos para crear un ambiente seguro y una sensación de protección permanente.

Si hay una lección para Ecuador, definitivamente la más importante es seguir las reglas. Aquí nos acostumbramos a vivir en medio del virus y a cumplir todas las regulaciones que aplican. Hoy parecería que la emergencia empieza a ser superada y el virus de a poco, a ser vencido. Para Ecuador espero lo mismo, y que en dos meses podamos estar hablando de como los ecuatorianos colaboramos cada uno desde su casa y logramos superar la emergencia. Claro que se puede.